De lector a lector

Negra ediciones publica sus primeros títulos

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Negra Ediciones, octubre 2020

El próximo 16 de octubre Negra Ediciones publica sus primeros títulos: El lector desmemoriado, el inesperado libro de Carlos Taibo y el nuevo libro del periodista Carlos Ruiz Villasuso, Narcohisteria.

Negra Ediciones es una editorial independiente con sede en Madrid que edita por simpatía.

Narcohisteria  es el nuevo libro del periodista Carlos Ruiz Villasuso, una novela definitiva sobre el problema transnacional del llamado narcotráfico y la relación entre un «país yonki», Estados Unidos, y su proveedor, México.

Una novela que con una base de investigación de campo profunda es una obra literaria sobre el narco, un cosmos real narrado a veces desde una especie de realismo mágico en el que nada es impostado. La investigación de la muerte de un español encontrado en una fosa común en Tijuana por un psiquiatra reconvertido a policía judicial se convierte en un viaje de transformación, un wéstern de frontera que traspasa continentes.

Tras la narrativa actual de series como Narcos en Netflix ninguna ficción es más brutal que la propia realidad.

El lector desmemoriado es el inesperado libro de Carlos Taibo, que con este título nos descubre una faceta que a buen seguro muchos de sus lectores no conocen. Un libro sobre libros, que se interesa por este bien preciado en general y por algunos en particular.

En estos cien relatos, que unas veces nacen del sentimiento y otras revelan un peculiar sentido del humor, el autor nos desvela sus horizontes lectores, desde sus querencias juveniles hasta su predilección por autores o géneros. En ellos encontramos a Fernando Pessoa, Walter Benjamin, Simone de Beauvoir, José Luis Sampedro, Franz Kafka, Jules Verne, Jorge Luis Borges, Antonio Machado, Silvina Ocampo, Virginia Woolf, Philip Roth y Albert Camus entre otros.

Si fuera cierta su desmemoria qué vasto universo lector se habrá quedado por el camino del escritor

Entrevista a Carlos Ruiz Villasuso

¿Por qué México, por qué el narcotráfico?, ¿porque está de moda en las series de televisión?

Llevo más de 25 años viajando a México y siempre me impresionó la capacidad del mexicano para sobrevivir en medio de una histeria. La del llanto por sus muertos y la de la fidelidad hacia la vida. El contraste en la careta de drama griego por sus muertos y la de sonrisa frente a la vida. México es un país joven al que aún le duelen los huesos al crecer. Es, si se me permite, una Revolución inacabada desde los galopes de Villa y Zapata. Un país casi adolescente, con una reforma política y social no terminada, es pasto fácil para la violencia del narco. Máxime si encima, un encima de más de 3.000 kilómetros de frontera, está Estados Unidos. El país líder en consumo de droga. Demasiada realidad a disposición de los ojos para acallar el deseo de escribir una novela sobre todo esto. Y sólo se puede escribir en mexicano con alma mexicana. Y creo que la tengo porque hice méritos. 

Una novela anti Estados Unidos. Lo califica de país “yonki”.

Estados Unidos es un país yonki, no porque lo diga Narcohisteria, sino porque un país con 70.000 muertos anuales de sobredosis, casi 200 al día, lo es. Los últimos seis presidentes de Estados Unidos, en sus discursos de toma de posesión, han mencionado este problema de “salud nacional”. Esta es la teoría y la realidad que revela Narcohisteria, que va mucho más allá de las parvularias series de televisión de Netflix. Estados Unidos gastó entre 2002 y 2017 unos 8.700 millones de dólares en “salud nacional”, luchar contra el narco. Ya. Pero en esos años, ocupando Afganistán, la producción de heroína pasó de la siembra de 31.000 hectáreas a 328.000. Y casi toda esta producción se convierte en fentanilo que trasiega desde México hacia Estados Unidos. 

Despliega una teoría sobre la incompatibilidad de la “salud nacional” frente a la obsesión de Estados Unidos por su “seguridad nacional”. La incompatibilidad casi entre CIA y DEA.

El coste del trabajo de la DEA (agencia antidroga de EE.UU.) se contabiliza en miles de millones, incluido su trabajo en México. Hay un interés en la “salud nacional”. Cierto. Pero la inversión de ese Gobierno en “seguridad nacional” desde la creación de la CIA en 1947 es muchísimo mayor. Nadie niega que la CIA participó en la formación de cada dictadura en Suramérica. ¿Qué era Noriega sino un dictador, además de agente de la CIA y narcotraficante? Por no hablar del caso “Irán Contra” o del propio asesinato de Kiki Camarena, agente de la DEA. La novela habla de todo ello y en cada gramo de coca, en cada dólar, aparece la sombra de la CIA. ¿Participó la CIA en la muerte de Camarena? Agentes aún vivos de la CIA y de la DEA dicen que sí. 

¿Una nueva teoría de la conspiración?

No es una teoría de la conspiración. Es un trabajo de cinco años sobre el terreno. Conviviendo con “buenos” y “malos”, políticos, narcos, policías, ejército. Fuera caretas, eso es lo que dice Narcohisteria. No se pude vender aún la idea de droga igual a mariguana igual a muerte. Por favor, eso es la Atapuerca de lo narco. Mira, la idea de la mariguana asolando Estados Unidos desde México es algo casi bucólico. Los cárteles del narco mexicano, desde la llamada Federación de Guadalajara con Félix Gallardo, vieron que el negocio no era el trasiego ilegal de maría o mota, sino el uso de los conductos del trasiego, primero para la cocaína colombiana y luego con los productos derivados de la heroína. Usar la vías de entrada de la mota con productos que multiplicaron por cien mil el negocio. 

O sea que el narcotráfico y la violencia es un asunto que supera una geolocalización “mexicana”.

El negocio del narco mundial mueve 380 billones de dólares al año. ¿Alguien cree que eso es cosa de narcos rudos y estúpidos? Hay dinero para corromper gobiernos, policías, y lo que sea necesario. El negocio del narco es tan grande que se mueve como una empresa transnacional implicando a gobiernos. Sí. Gobiernos de México y de Estados Unidos, claro. ¿Violencia en México? El trasiego de armas desde EE.UU. hacia México es de casi 300.000 al año. ¿Sabe el común de los lectores que hay más puntos de venta de armas que la suma de McDonald’s, Starbucks e hipermercados juntos en EEUU? Narcohisteria narra esta histeria que es historia, realidad. 

¿Estamos ante una novela documental?

No, porque tengo una tendencia casi obsesiva hacia lo literario. La novela tiene un trabajo periodístico grande. Pero su narrativa tiende a la literatura. Aspira a ella en cada página a pesar de que se vende mejor una lectura más simple. Pero esta no es una novela de narcos, es, lo digo sin reparo, una obra literaria sobre el narco. Es un cosmos real narrado a veces desde una especie de realismo mágico en el que nada es impostado. Un sinaloense habla como tal, un chilango como chilango. El sonido, el olor, el paisaje, está tratado a través de Rulfo, Siqueiros, Frida, Fuentes…, que llegan a ser personajes de la novela en un abrazo a la cultura mexicana. Y el toque español, claro, policial, cultural… es un cante de ida y vuelta literario. Es la vida hecha literatura desde la realidad. He cambiado nombres por pudor y seguridad, pero cada bala y cada muerte es tan cierta como la tumba o el desaparecido que llegó como consecuencia. 

Entrevista a Carlos Taibo

Carlos Taibo, a quien conocemos por sus trabajos sobre política internacional o decrecimiento, acaba de publicar, en negra ediciones, una obra titulada El lector desmemoriado. El volumen acoge un centenar de textos que se interesan por libros precisos, pero que lo hacen también por el libro en general.

¿Cuál es el origen de este trabajo?

Nace ante todo de una circunstancia personal. En la última década me he sentido a menudo incómodo, y tal vez hastiado, con la redacción de obras que tienen que ver con mi trabajo académico o con mi condición militante. Y he buscado otras formas de expresión y otros intereses. En ese sentido, bien puedo confesar que en mi vida han desempeñado papeles decisivos las lenguas, por un lado, y los libros, por el otro. En este trabajo doy rienda suelta a mi relación con los segundos, y lo hago al amparo de textos en los que, creo, me retrato de manera más fidedigna que cuando escribo sobre Rusia o sobre decrecimiento.

¿Es cierto que en el origen de estos textos había, o hubo, una novela?

Es cierto, sí, en el buen entendido de que se trató de un proyecto efímero que pronto deseché. A título provisional, y remedando lo que Fernando Pessoa dijo de los viajes, creo que no tengo una visión suficientemente panorámica para la novela. Lo mejor para todos es que me haya alejado de ella. Quién sabe si para siempre.

No ignoro tus reticencias al respecto, pero, ¿puede considerarse que esta obra es el producto de las posibilidades que ofrecen las redes sociales?

Aunque la pregunta esté justificada, no acabo de ver esa relación. Es cierto que estos textos, o la mayoría de ellos, los coloqué en Facebook y en Twitter. Pero debo subrayar que si opté por esos dos canales de expresión fue, literalmente, porque no tenía otros. Hace muchos años que dejé de escribir en periódicos y, por lo que veo, las publicaciones digitales al uso no tienen mayor interés por lo que hago. Esas dos redes sociales me obligaron, eso sí, a asumir cierta disciplina en términos de escritura y difusión de originales.

La acogida de los textos fue, sin embargo, cualquier cosa menos calurosa. Acaso no podía ser de otra manera: tanto en Facebook como en Twitter sobran los mensajes que tienen más de cuatro líneas. Estoy seguro, en fin, de que la mayoría de los me gusta que recibí lo fueron antes por conmiseración que por otra cosa.

¿Qué es lo que va a encontrar el lector en las páginas de tu libro?

Va a encontrar trabajos de cariz muy distinto, entre los que se cuentan consideraciones generales sobre el libro y su mundo, junto con comentarios relativos a obras precisas. Si unas veces, muchas, los textos tienen un cariz humorístico, en otras se trata de observaciones más serias y, acaso, profundas. Creo que el tono general, aun así, es suelto, poco pretencioso y, ojalá, simpático. No he escapado, de cualquier modo, al sano propósito de sugerirle al lector que eche una ojeada a un puñado de libros que a mí me fascinaron.

En esos textos están presentes también, por lo que se ve, tus fantasmas personales.

No podía ser de otra manera. Ahí están Fernando Pessoa y Walter Benjamin, Simone Weil y José Luis Sampedro, Franz Kafka y Jules Verne. Pero están, también, Galicia, Portugal y Rusia. En uno de esos textos me refiero de manera expresa a cuatro ciudades que, en momentos distintos, han marcado mi vida: Oporto, Lisboa, San Petersburgo y Moscú. Anda que no arrastran fantasmas esas cuatro ciudades.

¿Puedes explicar qué invoca el adjetivo desmemoriado que se incorpora al título del libro?

Lo hago con gusto. Soy un lector compulsivo y al mismo tiempo un lector poco atento y con una memoria frágil. Alguien se preguntará, legítimamente, si estos dos últimos rasgos enaltecen mi condición. Obviamente no lo hacen, pero creo que de manera sibilina le confieren encanto a estos textos. No he hecho ningún esfuerzo, o en su caso ha sido menor, para cotejar si el recuerdo que ha quedado en mi cabeza de un libro que leí tres o cuatro décadas atrás se ajusta o no a lo que ese libro era o aportaba. E intuyo que esa circunstancia bien puede dar pie a errores o equívocos que constituyan, por qué no, el mayor encanto, tal vez el único, de estos textos. Así los hechos, no tengo ningún problema en presumir de desmemoria.

Has dicho al principio que en tu vida los libros han desempeñado un papel decisivo. ¿Es El lector desmemoriado un homenaje al libro y a su mundo?

Es un modestísimo homenaje, sí, al libro, un objeto maravilloso que tengo por seguro ni va a desaparecer ni va a recular. Ni siquiera en el horizonte de un colapso general que anuncia, tal y como yo lo veo, un renacimiento de objetos y tecnologías que hemos enterrado demasiado pronto. Me alegra, por lo demás, que esta obra vea la luz en una nueva editorial que tiene un perfil casi artesanal. Una editorial a la que le gustan los libros por el contenido, pero también por el continente. Retroceder de vez en cuando al siglo XIX no es mala cosa.   

Tenemos simpatía

Tenemos simpatía por los libros, nos gusta la definición de simpatía en física

Resonancia simpática o vibración simpática es un fenómeno armónico en el que una cadena anteriormente pasiva o cuerpo vibratorio responde a las vibraciones externas a las que tiene una semejanza de armónicos.

Vibración por simpatía: Vibración que se induce en un cuerpo por cercanía del que emite las vibraciones. También llamada vibración por resonancia.

El sonido, el tacto y la forma de los los libros nos producen vibraciones, por eso editamos y por eso conectamos con personas que vibren con el contenido y el tacto de nuestras páginas.

Simpatía por los libros

Tenemos simpatía por los libros, nos gusta la definición de simpatía en física.

Resonancia simpática o vibración simpática es un fenómeno armónico en el que una cadena anteriormente pasiva o cuerpo vibratorio responde a las vibraciones externas a las que tiene una semejanza de armónicos.

Vibración por simpatía: Vibración que se induce en un cuerpo por cercanía del que emite las vibraciones. También llamada vibración por resonancia.

El sonido, el tacto y la forma de los los libros nos producen esas vibraciones, por eso editamos y conectamos con personas afines a estos sentimientos.